top of page

La aventura de los 10.000 Soles Dorados

La aventura de los 10.000 soles dorados - Paz de la Fuente y Sofia Calfuleo
La aventura de los 10.000 soles dorados - Paz de la Fuente y Sofia Calfuleo

Ana y Leo no eran niños comunes. Vivían en un pequeño pueblo, al pie de la montaña más alta del mundo: el Monte Espejo.

Un día, mientras exploraban la cueva del bosque encantado, encontraron un cofre gigante con piedras brillantes.

—¡Mira esto! —gritó Ana.

Dentro del cofre había 10.000 soles dorados, monedas mágicas que solo podían usarse en la tienda del tiempo.

De pronto, un búho de ojos azules apareció y les habló:—Bienvenidos, viajeros. Con estas monedas podrán comprar artefactos para salvar el Reino de Luminia.

Ana y Leo se miraron una vez más. Estaban a punto de comenzar el viaje más importante de sus vidas. Habían elegido sus objetos de la tienda del tiempo con cuidado.

Ana guardó en su bolso:

  • La Gema del Tiempo.

  • La lámpara de luz eterna.

  • El huevo de dragón bebé.

Leo, en cambio, eligió:

  • La brújula encantada.

  • El escudo de hielo.

  • Una botella de agua curativa.

—¡Es momento de partir! —dijo Ana.

El búho abrió sus alas y, con un aleteo, el suelo tembló. Frente a ellos apareció un sendero que brillaba como si tuviera estrellas.

Una voz mágica les susurró:—Para salvar el reino deberán cruzar la cueva mágica, seguir el camino antiguo, atravesar el río de cristal, sobrevivir en la foresta oscura y llegar al castillo escondido… donde algo muy poderoso los espera.

Mientras caminaban por el camino antiguo, la brújula de Leo comenzó a girar sin control.—¡Algo se acerca! —gritó Ana.

De repente, el cielo se volvió gris y un rugido estremecedor hizo temblar el suelo. El huevo de dragón comenzó a brillar y el aire se llenó de una energía desconocida.

Cuando el huevo se abrió, apareció un dragón bebé que enseguida les tomó confianza.—Mira, Leo, es muy tierno —dijo Ana mientras lo acariciaba.

Pero lo que no sabían era que la madre del dragón lo estaba buscando.

Mientras caminaban, una tormenta de lluvia y truenos se acercaba. La noche caía, y a medida que avanzaban en la foresta oscura, se oscurecía tanto que casi no podían ver nada.

—Voy a encender la lámpara de luz eterna —dijo Ana, mientras buscaba el objeto en su bolso.

Cuando la encendió, vieron a la mamá del dragón bebé. Se asustaron tanto que comenzaron a correr. En ese instante, la madre rugió con tanta fuerza que el bebé dragón empezó a llorar.

La madre lo oyó y voló hacia donde estaban. Leo, al verlos, tomó su escudo y buscaba de qué dirección vendría el ataque.

—¡¡¡Ahhh!!! ¡Leo, ahí está! —gritó Ana, mientras él, preocupado, miraba hacia los lados.—¡Déjanos en paz! ¿No te basta con asustarnos? —gritó Leo hacia el cielo.

El dragón bajó al suelo y rugió. Ana entendió lo que intentaba decir y le dijo a Leo:—No la ataques, capaz que sea la mamá del dragón bebé.

Ana caminó hacia la dragona y llamó al pequeño:—Tormenta, ven.

Al verlo, el rostro de la madre cambió. Entonces entendió que no les harían daño. Se despidió de Tormenta y los guió por el camino antiguo hasta la cueva mágica.

En el trayecto, Leo murmuró:—¿Por qué nos ayudará un dragón?

Ana respondió:—No sé… capaz vio que no íbamos a hacerle nada.

Cuando llegaron, un monstruo apareció dispuesto a atacarlos, pero la mamá dragón luchó con valentía como si protegiera a sus propios hijos. El monstruo la hirió varias veces, pero no se rindió hasta hacerlo caer. Exhausta, quedó tendida en el suelo, aunque lo había hecho por ellos.

Dentro de la cueva mágica encontraron un tesoro con botellas de agua curativa, almohadas y frazadas. Ana tenía mucho sueño, así que tomó una almohada y una sábana para dormir. Leo hizo lo mismo.

Al despertar, Leo preguntó:—Ana, ¿a dónde vamos ahora?

—No me acuerdo… creo que a la isla Nubia. Pero necesitamos construir un barco —respondió Ana.

Leo sugirió:—Mejor saltemos este paso y vayamos al castillo. Solo es una caminata de una hora y media.

Cuando llegaron, se encontraron con un rey malvado que tenía esclavos trabajando para él. Leo se metió entre la multitud y les dijo:—¿No están hartos de esta vida? ¡Hagamos un contraataque!

Los esclavos estuvieron de acuerdo. Ana, por su parte, entró en el castillo, tocó la campana y con la señal los esclavos se rebelaron. Atacaron juntos y lograron derribar al rey.

Ana y Leo regresaron a casa con dinero para mejorar el pueblo. Los esclavos liberados se unieron a ellos, y desde entonces vivieron felices.

El castillo quedó abandonado para siempre.


FIN


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
La aventura de Ana y Leo

Nombres: Mauricio Calfuán, Erick Curiqueo Nombre profesor: Leandro Jiménez Ana y Leo se asustaron, y de repente apareció la mamá del...

 
 
 

1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Muy buena historia. Tienen mucha imaginación 🙂😀

Me gusta

Escuela P-515 Ñirrimapu | Padre Las Casas Región de la Araucanía

  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
bottom of page